¿Dónde estabas el 11 de Septiembre?

Eran las 8 y algo de la mañana, encendí el televisor, desayuné, y minutos después fui a afeitarme. Algo me llamó la atención, regresé a la sala y subí el volumen de mi pequeña televisión de segunda mano. En la pantalla aparecía el rótulo de “America under attack” sobre la imagen de un avión estrellándose contra una de las “torres gemelas” del World Trade Center de Nueva York. No comprendía nada. Al principio creí que se trataba del trailer de una nueva superproducción cinematográfica de Hollywood. Pero algo no encajaba. El periodista continuaba insistiendo en la noticia. Algo estaba pasando y el nerviosismo del locutor pronto traspasó la pantalla. Los minutos transcurrían, y de repente un segundo avión cruzó el cielo en dirección a la segunda torre… explosiones, humo, fuego…pánico…las torres empezaron a derrumbarse como castillos de arena ante una galerna…la televisión hablaba de otros aviones… ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Quién estaba atacando a Estados Unidos?

Salí de casa hacia la universidad. En la vieja biblioteca de la Universidad de Nevada, Reno, Getchell Library, donde se ubicaba el Centro de Estudios Vascos, habían dispuesto un número de televisores alrededor de los cuales la gente se arremolinaba en el más completo silencio. Algunos estudiantes lloraban histéricos, mientras otros intentaban consolarles. Queríamos comprender lo que estaba pasando pero estaba fuera de toda comprensión. Las noticias no aclaraban nada y todos los canales repetían constantemente la imagen del derrumbe de las torres gemelas. Día tras día, noche tras noche, las 24 horas del día, las mismas imágenes… Solamente el paso del tiempo nos ofreció una explicación más nítida de lo que ocurrió esa mañana del 11 de Septiembre de 2001. Por el momento todo era confusión y caos.

Al mediodía, irónicamente, teníamos programado hablar de “terrorismo” y “violencia política” en la clase que impartía Joseba Zulaika, Director del Centro de Estudios Vascos. Obviamente no era el momento más propicio para abordar dicho tema. En esta terrible situación, Zulaika propuso a los alumnos, visiblemente afectados, la posibilidad de hablar sobre los trágicos acontecimientos ocurridos unas pocas horas antes. Fue una clase memorable. La palabra se convirtió en un bálsamo que catalizaba angustias y temores. Nos apaciguó.

9/11(Imagen:  National September 11 Memorial & Museum)

Medios de comunicación (New York Times), bibliotecas públicas (Library of Congress), programas universitarios de Historia Oral (Columbia University), y departamentos de Psicología de todo el país no tardaron mucho en empezar a recoger miles de testimonios directos e indirectos sobre el “11 S”. Los objetivos eran ofrecer una ayuda directa a las personas más afectadas por los sucesos a la vez que preservar la memoria de los testigos directos de aquel desgraciado hecho histórico. El proceso de duelo colectivo de la sociedad estadounidense había comenzado. La memoria y el recuerdo se transformaron en los ejes de vertebración de la post-América del 11 de Septiembre. “Nunca olvidaremos” (“We will never forget”) se convirtió en el nuevo lema americano.

Sin embargo, las palabras no fueron suficientes para contrarrestar la inseguridad de la población. Las acciones recobraron protagonismo y la retórica bélica se impuso al discurso de la reconciliación. El periodista norteamericano John Carlin escribía hace unos días sobre las desastrosas consecuencias que trajo consigo las medidas “preventivas” que el gobierno de Estados Unidos puso en marcha en respuesta a los atentados del 11 de Septiembre. Carlin estimaba que hasta la fecha las guerras en Afganistán e Irak habían provocado entre 250.000 y 1 millón de víctimas mortales con un gasto cercano a los 4 billones de dólares. Uno no puede más que preguntarse por los horrores de los que habrán sido testigos los habitantes de ambos países.

Y tú ¿dónde estabas el 11 de Septiembre?

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10 thoughts on “¿Dónde estabas el 11 de Septiembre?

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  6. Henar Chico

    I hadn’t planned on writing about it, you know, where I was on 9-11 ten years ago, but then Pedro J. Oiarzabal asked.

    I arrived to the call center at 7 a.m. sharp. I was working for the Macintosh group at Hewlett-Packard doing software tech support on Laserjets and DesignJets. Mac OS 8. Building 28, Kimball Plaza on Emerald St., near the mall.

    Mike messaged me at 8:00 A.M. and told me about the first twin tower being hit. “The what tower?”, I was drawing a blank. I didn’t know what that was, or where. ”The World Trade Center in New York,” he said. I remember going to Yahoo.com to “google” it but all I got was a “Server busy” error message. Only 15 minutes after the attack and already all search engines were on overload.

    After that, all I remember is total disbelief for the next several weeks, a sense of fear, uncertainty and anger, and thousands of American flags stuck to the windows of every car but mine. People trying to make sense of the absurd.

    Today, I am back at Hewlett-Packard. OS X. Building 7, Main site on Chinden Blvd. The printers I support are 10 times bigger but 75% of my team is still the same. I’m minus one husband and plus two kids. I drive a European car, like I always did, but it’s not a Saab anymore. I’m still unable to wrap my mind around what happened.

    Ten years later everything is the same, but totally different.

    https://weblogs.eitb.eus/basque_boise/2011/09/11/ten-years-ago/

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  7. Pingback: Chico

  8. CAA

    My alarm clock went off and rather than waking up to pop songs, I awoke to the disc jockey in a voice I had never heard before saying “they are jumping off the building”. I got up and my husband called from work and said to turn on the tv. Horror. Then, turning tv on and off while getting kids ready for school and myself for work. Figured that it was better to go through the motions of a normal day than keep the kids at home. Tried to shelter my 3 year old the best I could, but still, the next day he drew a picture of an airplane.

    That day and for weeks after, drove to work in the City and cursed Osama Bin Laden out loud every time I crossed the Golden Gate Bridge. The first day that I drove back from work, noticed something strange in the headlands above the bridge. Got closer and realized there were a dozen news vans with satellite dishes parked. The only thing I could think was that they were there waiting in case the bridge was attacked. They stayed for about a week. I was angry and I still am thinking of it to this day.

    As soon as the air space was opened over the U.S. again, my husband was asked to fly to New Jersey to work in his company’s disaster recovery site just across the river from NYC. 80 or so people from Fiduciary Trust, a branch of the company he works for, were killed and the company set up a site and needed people to help get it up and running. He could see the smoke coming up from the wreckage from across the river. The New York Times was running obituaries for the victims, which I was reading every day online. I came across one for a woman from Fiduciary Trust, who had the same type of job as my husband. Was I reading the obituary of the woman my husband was replacing for a week? I don’t remember her name, but I still see her face.

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